viernes, 16 de noviembre de 2007






Ahora que vivo en el corazón de Madrid, me siento mas aislado de los que me rodean que nunca, me siento mas lejos de cualquier ser humano de lo que he estado nunca, falta absoluta de motivación por los demás, falta absoluta de un porque amanece cada día y de un como gestionar mi tiempo, me paso horas en un no pensar, jugando a un juego absurdo del móvil que me aisla de todo, que me hace invisible y que por lo menos ayuda a no darle vueltas a nada. Me quede sin historias que seguir y las que se me presentan son mas de lo mismo no es pereza es una sensación de hastio, es un aquí me quedo no hay fuerzas, el otro día colocando mis libros me sentía un perdedor absoluto, colocando a kundera, grass, y toda esa coleccion de gente que si no son felices si por lo menos se han realizado.

Nada de lo que me rodea en este momento me llena, de nada puedo disfrutar plenamente, y nada me hace esbozar una sonrisa, es el cero absoluto y yo aquí congelado, me la suda lo del rey lo del chaval muerto lo de la que te cuen, me la suda todo, nada hoy me llena, nada hay que no me suponga un quebradero de cabeza, un esfuerzo sobrehumano, o simplemente que no me recuerde el pedazo de fracaso de vida que llevo.


No me apetece tampoco escribir, ni leer, ni cine, ni siquiera ver un concurso, es la nada, huyo de la gente que me rodea por que tampoco se que cara ponerles, huyo de los que me quieren por que me resultan incómodos ahora, huyo de buscar solucciones, de tomar decisiones, de perder lo poco que tenga en una apuesta. huyo del supermercado, me jode comprar para mi solo.



Tengo envidia de los que medianamente son felices, tengo ganas de pararme de rendirme, de pasar del viaje a ninguna parte en el que ando embarcado, ni siquiera la sensación es de tristeza, es de no dolor, no placer, no vivir.

1 comentario:

  1. "... Qúé más diré?... Nací bajo bombillas, interrumpí deliberadamente el crecimiento a los tres años, recibí un tambor, rompí vidrio con la voz, olfateé vainilla, tosí en iglesias, nutrí a Lucía, observé hormigas, decidí crecer, enterré el tambor, huí a Occidente, perdí el Oriente, aprendí el oficio de marmolista, posé como modelo, volví al tambor e inspeccioné cemento,gané dinero y guardé un dedo; regalé el dedo y huí riendo; ascendí, fui detenido, condenado, internado, saldré absuelto... y hoy celebro mi trigésimo aniversario y me sigue asustando la Bruja Negra. Amén..."

    ResponderEliminar